miércoles, 29 de enero de 2014

Me miras


Me gusta venir todos los viernes, aunque hoy es jueves, pero los viernes me parecen el día perfecto para tomar café, como sus ojos, siempre lo pensé, todo el tiempo, frente a la calle Comonfort, y es que tenga razón o no, el viernes es la liberación de los demás días, todos los días del calendario que no son viernes están esperando emigrar desde su rincón, desde los suspiros de cansancio; además esta calle siempre tiene pasos y gentes que van de aquí para allá, de arriba abajo, y uno puede mirarlos sin alarma, inventarles pláticas, escribirle a la pelirroja que acaba de pasar de largo en una servilleta lo que de amor le harías, etcétera. Aquí vengo porque es cómodo y porque nadie te molesta, además el decorado no me causa terror o nauseas, se puede estar tan bien solo, escuchar música y leer todo lo que uno no puede los demás días en el trabajo o en casa.
            Como dije es jueves, cosa que me importa poco porque nada puede cambiar de la nada, yo no lo sabía aún, yo no lo esperaba entre tanto, y esta tarde me siento como cualquier tarde de viernes que vengo aquí y leo y pido el americano y le pongo dos de azúcar y listo. Una cosa curiosa es que hoy pongan otra música, normalmente escuchamos jazz o blues, siempre algo de Chet Baker o Miles Davis, siempre nos reciben con ese abrazo fraternal, esa tranquilidad que embriaga desde el primer paso que das dentro; y justo hoy se les ocurre recibirnos con algo muy cremoso que no sé quién canta, pero me endulza el tiempo, siento la presión de querer escribir algo fiel, algo sincero, hablar quizá de que estoy solo, que desde hace unos meses, y sobre todo, después de salir de aquella luna de dos cielos que enredaba mis fieles y difuntas manos, de abandonarme en su ombligo a la luz de sus dientes que sonrían y bañaban mi nombre, desde que no está no tengo en quién caerme vivo, y todo esto que siento y escondo en la cotidiana y sus calles y silencios, sobre todo en esas notitas del cajón izquierdo con seguro, del que sólo hasta las últimas podré abrir y ser quizá libre.
            Ah, abandonemos todos esos pensamientos de inmediato, salgamos por la diagonal y ocultémonos donde nos demos a entender. Y es que hace unos días yo me sentía mejor con tal pasión, no me siento solo, algunos días me siento abandonado por mí mismo, como ahora quizá, como en este momento, pero ya no, porque ahora me está mirando y trato de disimular que ella me está mirando, que una mujer entró hace un minuto y que se sentó en aquel sillón gris frente a mí y me está mirando, quizá quiere preguntarme algo, o pedirme un encendedor, aunque se le ve que no, no tiene esas ojeras y las arrugas de nosotros los fumadores, pero no, nada más está ahí mirándome, o acechándome, o ninguna de la dos, yo que tan entretenido estaba pensando que por ser jueves no iba a suceder nada, yo que tanto extrañaba el maravilloso viernes libertador, pero ahora estoy oprimido, me están sudando las manos como goterones en la ventana y me está mirando, he escrito muchas veces mirando, mirando, mirar, me miras, me miras de cerca me miras, cada vez más de cerca..., nos miramos poco a poco, yo con miedo, me tiembla el labio porque estoy nervioso, no quiero decir mucho, la mano sigue escribiendo por sí sola, la interrumpió el mesero, será mejor prender el cigarro y respirar profundo.
            Desde hace rato que nos habíamos mirado, se congelaron los girasoles al rededor y eso que este café siempre tiene gente, concurrencia, siempre hay alguien aquí fumando o bebiendo mientras mira a todos distraídamente, a veces soy yo, o a veces aquél, o nadie como ahora. Pero nos hemos mirado mucho, ella no quiere preguntarme nada, yo no quiero arruinarlo todo; así está mejor, nada más mirarnos, creo que suspiró, pero nada más mirarnos, que los ojos hablen, que ellos se conozcan, que ellos anden por esas calles que no recorreremos juntos, que se sueñen, que tengan sexo, que te bese los pies y la entrepierna, deja pues que tus ojos me posean, que juntos armen el discurso que define sin objeciones al amor y sus pormenores, tú sabrás qué decir, yo sabré qué dibujarte, si es que pintas, deja que nos tomen esa fotografía a lado del Sena donde tú y yo, pero solamente nuestros ojos y en esencia tú y yo viajamos justo ahora, ojalá que tu número se clave en mi pupila, o tu dirección, o tu hola, ojalá que pongas en mi retina tu perfume para seguirte y no perderme al doblar la esquina, ojalá que no te me olvides al pagar la cuenta y cruzar la calle, al pisar la colilla de este cigarro, golpearme con una señora, las disculpas, porque creo que suspiras y creo que yo también lo hago.


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