Habrá que despegar los píes del suelo, pero yo no digo "enamorarnos" y creer que despegamos los píes, hay que despegarlos, caernos, morirnos de una vez.
Quedar firmes en el pecho o en el estómago, pegar la nariz al suelo y levantarse lentamente, frágrilmente y llorar hasta acabarnos, hasta sumir la nariz y no sentirla, llorar, llorar sin lágrimas, sin vecinas escandalosas.
Callarnos las calles que se pudieron haber recorrido y quizá ella recorrió antes de la mano de algún hombre o simplemente sola.
Habrá que elegir bien la piedra a patear, quizá ella lo hizo antes, porque siempre se habrán de seguir los pasos.
Habrá que terminarse la última gota del vaso o tirarla bien, esperar de dos a tres minutos con el vaso boca abajo y con el cuerpo también y vaciarnos, completamente, hasta dejar los huesos sin alma.
Habrá que esperar a todos sabiendo que no esperamos a nadie.
Habrá que abrir las puertas y las ventanas, dejar que ratones, aves y rateros se metan a casa y dejar que hurten, maltraten, maten todo de una vez, sentirse hondamente vacíos.
¿Qué humano habrá de soportar todo esto?
Quizá es un relato más y hasta pudo ser corto, así de corto, corto:
Para empezar, hay que terminar con todo.
Romper lazos, acribillar recuerdos, jugar al que olvida para así, un día olvidar verdaderamente.
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