martes, 30 de abril de 2013

Sábado de Jazz


"Pero habría que vivir de otra manera. ¿Y qué quiere decir vivir de otra manera? Quizá vivir absurdamente para acabar con el absurdo, tirarse en sí mismo con una tal violencia que el salto acabara en los brazos de otro."
Julio Cortázar

Sigo escuchando jazz desde la tarde, quiero tener la sensación de que aún estás presente y por eso la banda está tocando en vivo y el presentador dice cosas que no entiendo porque bien sabes que no sé inglés al cien por ciento, y la gente del programa ríe y creo que debo reírme con ellos para no desentonar, y tengo la impresión de que estás escuchando aquí a mí lado y estas emocionada aunque felizmente callada por esa hermosa tranquilidad que guardas para el mundo pero quizá no para ti, quizá dentro de ti experimentas muchas cosas como yo que al mundo no le decimos. Al menos a veces suelo escribirlas. Sentimos como el ritmo comienza a mover nuestras manos y nuestras piernas, tu mano se encuentra con mi pierna y ese escalofrío de anhelar sentir tu presencia más en el fondo comienza a dividirse en cada momento de mi piel y es entonces cuando comienzo a moverme contigo lentamente, nos vamos encontrando en el mismo sitio, quizá aquí, quizá en otro lado, y creemos ser nosotros pero quizá sean otros nosotros ahí bailando mientras nosotros (los reales, por así decirlo) los miramos desde una esquina de la mesa o del sillón, y tu mano entra por mi hombro terminando en mi nuca y comienza el dulce forcejeo, un vaivén de ciclones y calorcito tibio de café. Las personas del público atrás de nosotros están de píe mirando a todos lados con todos los ojos cerrados y todas las puertas cerradas y sólo una ventana por donde entra el (amor) sol está abierta y nadie la mira más que nosotros pero no nos acercamos pues tal ritmo aún no nos lleva y ese mar de gente quizá no nos deje, así que pacientes esperamos el siguiente swing para saltar, para saltar. El presentador vuelve y comenta los chistes que estudió desde la noche anterior, se le nota en el acento y en la mirada que los estudió toda la noche, y quiero intuir que son chistes porque la gente vuele a reír y yo con ellos y tú ahí nomas pensando, pero te miro al reírme y tú no ves más que unas pocas personas riendo disimuladamente hasta que termina de hablar el chistorete y arranca otra canción y volvemos a movernos, y ahora con más calma, pero después en un abrir y cerrar de ojos repentino y de remover cabellos en la cara volvemos con un impulso más rápido y exploro lugares y tonadas y bombos en el pecho que nunca había tenido.
Ojalá fuera ese sábado todos los sábados.
Termina la función y es hora de irnos pero a leguas se nos nota en los zapatos que no queremos y en el rubor de la mejilla y en el sudor del cuello y la frente, estamos como nuevos, limpios, y es momento de exponernos al sol, así que tomo tu mano y la enmaraño en la mía y salimos a prisa detrás de toda la gente que mira entonando todavía las últimas notas del baile, comienzan a decirnos que aún hay tiempo así que caminamos despacio por la calle empedrada y vemos algunos callejones en lo oscuro con gentes que no nos reconocen, y entonces me pregunto si yo me reconozco, mudamente te pregunto si te reconoces y tienes algo diferente, sé que yo tengo algo de diferente pero no sabemos qué es, por más que te miro no sé qué es, la música sigue aquí en mi cuarto, en esta silla blanca donde duele estar y no allá en el sillón haciéndote cosquillas y recomenzar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario