"Pero
habría que vivir de otra manera. ¿Y qué quiere decir vivir de otra manera?
Quizá vivir absurdamente para acabar con el absurdo, tirarse en sí mismo con
una tal violencia que el salto acabara en los brazos de otro."
Julio Cortázar
Sigo
escuchando jazz desde la tarde, quiero tener la sensación de que aún estás
presente y por eso la banda está tocando en vivo y el presentador dice cosas
que no entiendo porque bien sabes que no sé inglés al cien por ciento, y la
gente del programa ríe y creo que debo reírme con ellos para no desentonar, y
tengo la impresión de que estás escuchando aquí a mí lado y estas emocionada
aunque felizmente callada por esa hermosa tranquilidad que guardas para el
mundo pero quizá no para ti, quizá dentro de ti experimentas muchas cosas como
yo que al mundo no le decimos. Al menos a veces suelo escribirlas. Sentimos
como el ritmo comienza a mover nuestras manos y nuestras piernas, tu mano se
encuentra con mi pierna y ese escalofrío de anhelar sentir tu presencia más en
el fondo comienza a dividirse en cada momento de mi piel y es entonces cuando
comienzo a moverme contigo lentamente, nos vamos encontrando en el mismo sitio,
quizá aquí, quizá en otro lado, y creemos ser nosotros pero quizá sean otros
nosotros ahí bailando mientras nosotros (los reales, por así decirlo) los
miramos desde una esquina de la mesa o del sillón, y tu mano entra por mi
hombro terminando en mi nuca y comienza el dulce forcejeo, un vaivén de
ciclones y calorcito tibio de café. Las personas del público atrás de nosotros
están de píe mirando a todos lados con todos los ojos cerrados y todas las
puertas cerradas y sólo una ventana por donde entra el (amor) sol está abierta
y nadie la mira más que nosotros pero no nos acercamos pues tal ritmo aún no nos
lleva y ese mar de gente quizá no nos deje, así que pacientes esperamos el
siguiente swing para saltar, para saltar. El presentador vuelve y comenta los
chistes que estudió desde la noche anterior, se le nota en el acento y en la
mirada que los estudió toda la noche, y quiero intuir que son chistes porque la
gente vuele a reír y yo con ellos y tú ahí nomas pensando, pero te miro al
reírme y tú no ves más que unas pocas personas riendo disimuladamente hasta que
termina de hablar el chistorete y arranca otra canción y volvemos a movernos, y
ahora con más calma, pero después en un abrir y cerrar de ojos repentino y de
remover cabellos en la cara volvemos con un impulso más rápido y exploro
lugares y tonadas y bombos en el pecho que nunca había tenido.
Ojalá
fuera ese sábado todos los sábados.
Termina
la función y es hora de irnos pero a leguas se nos nota en los zapatos que no
queremos y en el rubor de la mejilla y en el sudor del cuello y la frente,
estamos como nuevos, limpios, y es momento de exponernos al sol, así que tomo
tu mano y la enmaraño en la mía y salimos a prisa detrás de toda la gente que
mira entonando todavía las últimas notas del baile, comienzan a decirnos que
aún hay tiempo así que caminamos despacio por la calle empedrada y vemos
algunos callejones en lo oscuro con gentes que no nos reconocen, y entonces me
pregunto si yo me reconozco, mudamente te pregunto si te reconoces y tienes algo
diferente, sé que yo tengo algo de diferente pero no sabemos qué es, por más
que te miro no sé qué es, la música sigue aquí en mi cuarto, en esta silla
blanca donde duele estar y no allá en el sillón haciéndote cosquillas y
recomenzar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario