miércoles, 17 de abril de 2013

Tarde a Tarde


Iban los dos, inexplicables,
ella cada vez un poco más lento
y más suave, 
él cosechando una sonrisa en sí
comenzó a decirle a largas vistas
qué cabía la posibilidad de quererla,
sin saberlo, ella también lo creía,
era un pacto en silencio
mientras caminaban de tarde a tarde
y llenaban cada uno 
la mirada del otro, entonces:
esa sonrisa, ese empujón, otro más, 
el silencio inconfundible e irrebatible, 
la realidad carcomida,
el intenso placer que enmudecer y gritar
si ella o él alagaban a su acompañante,
después de unos minutos de caminar
y pactar lo que no creían, 
él decidió acercarse
con unos ojos tenues e irremplazables
y unos ojos que no había visto antes
se le acercaron a crearle también la mirada
será que ella lo tocó
o será que él ya la besaba






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