A Mondragón,
si es que Mondragón,
sigue siendo Mondragón.
ILa idea era profunda,
yo te tenía a ti y tú tenías tu vida,
ése era el juego:
buscaba entrar como un niño en jugueteria,
entero, alegre sin preocupaciones,
la simple alegría de verte, eso era lo que me movía.
II
Masticamos la verdadera derrota,
mas bien, la posible derrota,
y ahora nos levantamos como podemos:
uno cojeando del píe y el otro voló al cielo.
III
No es triste pensar que te haz ido,
verdaderamente no es triste pensarlo,
pero quizá sentirlo y quizá contarlo,
quizá imaginarlo y quizá vívirlo.
IV
Yo te decía que todo iba a mejorar,
y mi voz no salía del pecho,
- me quitaron la voz y las alas -
pero no por eso el mensaje
tendría que ser menos sincero
o menos creíble,
la voz es sólo un lujo humano
que yo no necesito.
V
¿Cuántas veces habrás dicho que no?
¿cuántos soles me vieron morir en sonrisas?
¿cuántos pedazos de mí no fueron tuyos?
¿cuántas palabras no eran verdaderas?
¿cuántas de estas cosas ya no importan?
si hubiese que enumerar el amor
que nos tuvimos -porque sí lo tuvimos-
empezaría de cero para terminar en dos,
quizá tú amor por ti
y mi amor por mí
¿cuántos besos no maté en tus labios
y cuántos palabras de amor no fuimos?
VI
¿Quién eres y a qué habrás venido?
pues dicen
lee bien y hasta lo repito: dicen
que nada pasa por qué sí.
¿Qué explicación tendrá tu encuentro,
éste desatino qué me tuvo por meses
-seis para no ser exactos-
cosechando versos?
VII
Qué palabras de amor son éstas,
qué palabras habrán de usar las nuevas musas,
si aquellas buenas,
calle a calle tanta poesía,
y día a día,
eran tuyas y casi mías.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario