domingo, 28 de abril de 2013

Sueño a ojos abiertos


      Encendió la luz por primera vez desde el último momento en que piso la luna. Miraba la tierra desde sus plantas, ellos, tan insignificantes en tamaño pero con unas mentes y unos trasojos, y un trascorazón podían verle. Atinó sus pasos, uno a uno, quizá con una virtuosa sincronización de escalones que antes de antier o de ayer no había subido o con una atención radiante cuando dos lucecitas cristales le hacían piruetas en el aire hasta dejarlo caer en sus píes. Él se enteró que aquello era un sueño antes de entrar en él y ni así quiso retroceder el paso y la vista y las muecas, sobretodo la sonrisa que nunca le había de faltar. Al entrar, sospechó que tendría que volver a soñar. Así que cerró los ojos y ahí quedó. ¿Qué vivir si la única forma de que la luna de verdad te mire es soñando? Así que abrió los ojos y la esperó. Ella habló, balbuceó o salió al mar a tomar agua y a enamorar a algunas parejas que apreciaban la nada desde la costa y desde la arena y desde las cervezas. Ya nada más falta que regrese y me llene de ternura, de luz, decía apretando los dientes para que la sonrisa no le llenará la cobija de diamantes. (Tranquilos, simplemente es un domingo más, con un calorón más, con un escándalo allá afuera más y un poco de música piano más desde este sillón verde dónde hoy he de dormir en paz). A veces, y él muchas más veces, soñamos despiertos, con los ojos al sol, a la taza de café, a la cerveza o al humo del cigarro ¿pero qué soñamos? ¿qué deberíamos soñar? Eso que tenemos en frente, está ahí y creemos que es la realidad y que está muy lejos de nuestros sueños, pero, a él no le parecía así; aquí estoy, soñandonos, y somos estos y no quiero que seamos otros, aunque probablemente mañana seremos aquellos, y jamás los mismos. He soñado despierto tantas veces, casi todo el tiempo, dice fumando a solas en el rincón dónde todos los ojos del mundo allá abajo no lo miran, que cada día diferente, que sueño cosas diferentes y me siento diferente y un día estoy aquí siendo todo y al otro estoy allá siendo la mitad o nada, y aquí puedo escribir a gusto, fumando y escuchando a Ludovico Enaudi y escribir versos y versos y estrofas y algunos cuentos (por ejemplo ahora, no estoy allí, pero escribo el cuento dónde yo soñé / viví y escribí desde la luna), y a veces estoy en otro lado y no puedo hacer esto (escribir y anhelar) y recuerdo que todo es creado desde mí, porque si yo no estuviera soñandonos con los ojos abiertos, estas lágrimas y estas manos y estos besos que dibujo en tu suelo, mi luna, - y son en vano porque estás tan ajena a mí - no existirían. A veces, cuando sé qué sueño y ocurren cosas magníficas, dentro de mí siempre dice cosas distintas a las que suceden, ¿supone o predice? Pero él jamás pensó en la probabilidad de tener que dejar a la luna, aunque llevaba poco tiempo, definitivamente era muy poco tiempo, y vamos, todos nosotros, los que lo vemos desde aquí podemos saber que aquello no era más que una utopía que estaba tan lejos de poder ser y tan cerca de que él estuviera lejos, así pues, se retiró con las notitas de sueños que vivió con los ojos cerrados. 
      Y cuando despertó, la luna todavía seguía ahí.

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