martes, 28 de mayo de 2013

Tras el todo




Hace tres días que él no aparece, lo hemos buscado por todo el vecindario con linternas, comida y alguno que otro gato me ha dicho que le vieron salir a prisa por aquella reja, ya la visité y está vacía, sin nadie ni huellas ni sombras de lo que pudo haber sido él. Avisé a la policía hoy, un patrullero me dijo que no me preocupará que naturalmente ellos volvían solos a casa, tarde o temprano, pero siempre volvían, un poco más flacos y cansados al extremo, pero que así eran ellos, siempre huyendo a todos lados, sin momentos, siempre buscando cosas que no encuentran. Yo le dije a mi tía que tenía miedo de que algo le pasará, era la primera vez que se escapaba de esta forma en el año que llevamos juntos. 


-¿Adónde habrá ido, Tía? ¿Y si le pasa algo? ¡Me muero! 


     Ella me escuchaba con toda calma tejiendo como siempre en su sillón azul, mirando nada más los dos palos entrelazándose, con sus anteojos a punto de caerse y su saliva al filo de los labios. 


-¡Imagínate! Qué haría yo sin él. Tú no me haces caso. Roberto se fue de la casa, también. Y aquél no sale de su cuarto. ¡Qué me queda! ¿¡Morirme!? ¿Eso quieres, Tía?


     Antes de que él se fuera, éramos tan felices. La última vez que pude acariciarlo me rasguñó la mano, me guiñó el ojo y se lanzó abajo. Quiero creer que está a salvo, se encontró un buen puente para mirar (como siempre) el reflejo de la luna en el río Eliftano, quizá anda en algunas azoteas buscando el camino para volver a casa, quizá recuerda el rasguño que me hizo y llora en las noches por mí. No sé, no sé, estoy muriendo. 

     
Cuanto escándalo por un gato, lo que ella no sabe es que él se fue en las mejores manos: el amor. Yo lo vi, hace más de cinco días, mucho antes de que se largará, ¡a qué gato!, nunca pensé que ellos pudieran enamorarse de tal forma, ni haciendo esas cosas barbaras que pensé sólo le correspondían a los entes de dos patas, vaya vaya, ese muchacho salió todo un pillo y creo que ella debería saberlo, pero si se lo digo no me entenderá, la conozco, la diré que conoció el amor y se fue, pero no me creerá, me dirá quizá que estoy más loco, que dejé de molestar, yo no puedo ayudarla desde aquí, ustedes no pueden verlo, pero todo esto a mi alrededor me detiene, las paredes, la cama, toda la oscuridad, sólo puedo desde aquí mirarla, y quizá contarles a ustedes qué pasó, por qué se fue, con quién. ¿Ustedes me creerán, verdad?

     Todo empezó como dije antes hace cinco días, a él siempre le ha gustado estar en el balcón de aquella boba mirando el reflejo de la luna en el agua, esperando todo, ahora lo puedo decir, esperaba todo, porque antes pensaba que no esperaba nada, que sólo miraba por mirar, pero ahora lo sé y ahora ustedes lo sabrán.  Hace cinco días lo vi ahí de nuevo, a media noche, esperando nada (todo), inmóvil al vacío, siempre me impresionó su hocico que no parecía de un gato común sino la de una persona normal que sonreía a la nada (ahora al todo), con unos ojos tenaces, siempre sabía que hacer: siempre hacía nada. Esa noche, después de 5 minutos que me tomó reflexionar que era un gato bueno-para-nada y que su vida era tan sencilla que yo quisiera una de esas, duermo, duermo, como, duermo, busco cosas sin saber qué y las cuales no encuentro nunca, duermo; hasta el momento en que él se miró las patas, se miró el cuerpo, se miró los ojos, se miró completamente a él de frente a sí mismo, anonadado, no asustado, si no esperando cuando saltar, huir, esperando atacar, después de mirarse completamente y saber que efectivamente era él, suspiró, yo lo vi, no les miento, un gato suspirando, un gato mirándose como en un espejo y suspirando, paseando esa saliva invisible que dejan los ojos al recorrer el cuerpo sobre cada uno de sus pelos negros, acariciando su silueta en la cosa que funcionaba de espejo (porque jamás fue un espejo, si no algo que lo reflejaba a él junto a todo el vacío y la luna en el agua y la luz de la vecina y el balcón hecho un todo al rededor del gato), y ahí mismo estiraba primero su patita derecha queriendo tocarse pero sentía el vacío debajo de sí y lo regresaba, ahí comenzaba a borrarse la sonrisa pero no del espejo que no es espejo sólo de él que se veía sonriente, intentó de nuevo y otra vez fracasó, usted tendría que verlo para de verdad sentir la impotencia del gato ante sí mismo, enamorado de sí se busca ahí afuera, en ese reflejo que le muestra todo cuanto un gato pudiera a ver visto en su vida, en su larga vida, sabe que lo sabe todo y quiere brincar, no brinca, tiene miedo, pero tiene ansías de ir tras todo eso, ustedes deberían llorar con él así como yo lloro cuando lo veo levitar y huir, saltar. Aquella boba jamás se enteró de esto y ahora que ustedes lo saben ¿podrían decirle que dejé de lloriquear? todos haremos lo mismo que él, nos encontraremos, sabremos todo, veremos todo y moriremos, así de la nada, saltaremos al vacío o un día no despertaremos porque no era justo despertar un día nuevo cuando ya se vivieron todos los días nuevos que tuvimos que vivir, eso es, así es de simple que no lo puede entender, pobrecilla, ya esta gritando otra vez. Adiós, Gato, adiós.


-¡Llevo días buscándolo, Tía! Debe tener hambre, frío, miedo, y yo no estoy ahí para cuidarlo, abrazarlo, darle de comer. Me siento tan mal.

     Mi gato no es hallado, aquél tipo no sale de ese cuchitril sucio y oscuro, mi Tía no deja de tejer y tejer suetercitos que no regala ni usa nadie, la casa esta encerrada entre dos esquinas, mi balcón está cerrado porque no quiero ver ese estúpido reflejo en el agua, no quiero volver a fumar ahí si no está él conmigo, me quisiera morir, quisiera morir, sacarme los ojos ahora que no está y ése estúpido ahí detrás de su puerta entre abierta mirándome llorar, arrancarme los cabellos y no dice nada, nomas me mira y se sonríe, no sé qué le da tanta gracia si mi gato despareció, si nadie sabe de él, ni la vecina que tanto le echaba mal ojo ¡Bastardo, deja de mirarme! Ojalá algún día vuelva, ojalá.





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