Yo los he visto Lovlu, algún día podrás verlos también tú y sentirás que la felicidad te hace cosquillas en la punta de los dedos o que la luna se te mete en los ojos así que perderás noción del tiempo y querrás cenar ahí mismo, con tu plato hondo y tu cuchara preferida. Lovlu creo que es necesario que nos quedemos ésta noche, por ahora, mientras estamos seguros, quizá mañana uno de los dos ya no esté o uno de los dos no se quede. Yo podría traer hasta aquí algunas ramas o algunos libros que podrían servir para cubrirnos el frío o las desganas, podría correr al otro lado del cuarto y traerte un té y un cigarro, quizá podrías fumar conmigo mientras vemos qué pasa.
No sé ¿Qué podría ser más interesante ahora? ¿El escarabajo de tus sueños? ¿Las imprudentes palabras que me hacen temblequear? ¿Qué sé yo de ti, Lovlu? todo es importante, hasta el hecho de quererte aún sin conocerte.
Yo he visto a ésos que dicen y también a los que callan, conozco que hay detrás del colchón y debajo de las patas del sillón (aquél todo chueco y podrido, casi profundo a sus anchas). Puedes llevarte lo que quieras Lovlu, es tu casa, tu habitación, tu sábana y tu corredor, es tu puerta del baño, tu jabón, es tu clavel, es tu cigarro, es tuya la sombra que nos mira de píe confundida, como a dos conocidos que olvidó hace años, tú eres tuya.
Lovlu no sé por qué me miras tan triste desde tus rodillas, no sé por qué intentas que yo me anime y fume junto a la ventana mirando el ombligo de la luna reírse por dentro, mirando al gato, cual misterio, espera deseoso a ser descubierto y largarse. No sé por qué no te permites amarme, Lovlu.
¿Te comenté alguna vez qué tus besos a media noche son los mejores? ¿Qué te hago una carta por día? ¿Qué no bebo y no fumo, sino te tengo en el pensamiento o en el bolsillo o en la punta de la lengua? Ahora no importa, ahora que miras las gotas en el balcón y le dibujas muecas al cigarro, con tus dos tirantes en los hombros mal hechos y tu despeinado todo peinadito, yo que te miro con tanto amor desde aquí, mi sitio preferido del cuarto, ni tan lejos ni tan cerca del balcón y la ventana, del televisor y de mis libros, tan cerca y tan lejos de todo, hasta de ti que no me miras, que prefieres verme hecho una gota, tan pequeño y reducido, casi nada, y luego el humo, que siempre nos hace pensar, totalmente, que algún día no seremos nada.
Ojalá esta noche acabe pronto Lovlu, mejor al menos termina pronto el cigarro y acaba con esa gota de un pisotón, pero no te mojes el zapato ni el calcetín, podrías obtener un resfriado, hazlo con la mano o con la voz, dile bajito (como acostumbras cuando duermo aún y tienes que reclamarle al gato lo que tiró o ensució o desacomodó algo tuyo en la habitación que compartimos): «¡Vete! ¡Largo!» pero después «no, no te vayas cabizbaja, ya vendrá el señor sol. Adiós, amor. Adiós» Y entonces llegarías a mis orillas y yo levantaría los ojos y vería tu boca y sangraría mis ideas y le diría a quién fuese que no acabará la noche, hoy no, sólo hoy no.
Lovlu, quizá yo tendría que ir hasta donde estás ahora que has terminado el cigarro y te quedas ahí inmóvil mirando el cementerio de gotas que descansa en paz, y no me muevo Lovlu, perdón, no me muevo. Entonces suspiras otra vez y me lleno de sonrisa, de descontrol, el alma se infla y quiero ir hacía ti, arrancarme la sábana y devorarme el cigarro e ir a ti, quizá te bese, quizá te abrace, quizá diga que no estás sola que me tienes a mí, y no me muevo Lovlu, que cobarde, perdón, perdón, perdón, no me moví.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario