Usó esa sonrisa aquél día,
tímidamente me escucho.
Soy ese árbol moviéndose
de izquierda a derecha sobre el lienzo
en blanco de cualquier lluvia,
de aquella lluvia.
Ésto fue y dura todavía.
Recuerdo sus labios que no se abrían,
ese "me quedo otro rato",
y usted sin saber qué aún dura la carcajada
con el eco de pisadas que no llegaban a ningún lado.
Sino me acerco demasiado es por la misma
razón por la que usted no lo haría;
no queremos echar a perder
lo que no maduró mientras llovía.
Me inventé que podíamos,
que sería correcto, que sería así,
después de todo lo que nos dijimos,
sobre todo después de todo lo que no te dí.
Ahora miro tus fotos y ése labial,
esos ojos, esa sonrisa de perfil,
esa contemplación de un punto fijo,
miento qué son para mí.
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