miércoles, 24 de julio de 2013

Acompañando la soledad

Vendría Laura desde lejos y tendría su cabeza en mi hombro, soñolienta, apunto de dormir mientras Roberto y Jimena me mostrarían fotografías de su boda, estaría ya aquí tendida en mi hombro y yo jugándole el cabello, bebiéndome su olor dejándolo inmortal desde mí para siempre, para las noches en las que me invitaría a tomar más café con Roberto y Jimena y los cigarros, pero estaríamos cada vez más juntos, quizá, y nos buscaríamos uno al otro, pasaría a su casa después del trabajo con notitas o libros nuevos que encontraría de camino y le diría "mira, pensé en ti cuando lo vi” y ella reiría. Les digo que ella me sonreiría largamente mientras pensamos que estamos enamorados. Nos querríamos cada vez más porque yo le haría té por las mañanas y los domingos le invitaría a conocer a mis hermanos en la capital y podríamos reír con ellos así como lo haríamos con Roberto y Jimena, y fotos y café y cigarros, pero después en la noche ella se tendería en mi hombro y en mi pecho y le besaría los ojos hasta el fondo de la boca, le dejaría mi recuerdo como sellito en el pecho, me perdería en ella y ella vendría a buscarme después con el café o una película que encontraría mientras camina por el centro “me llamó la atención el nombre, no hay ningún actor reconocido aún, podríamos verla” juguetearía con mi camisa “comprar palomitas o hacer café y tumbarnos en la cama” se acercaría a mi oído “y veríamos la película, para después…” me besaría la oreja mientras tiemblan mis piernas.
Si Laura me quisiera, si ese día hubiese terminado de otra forma y me hubiese quedado a dormir ahí o me hubiera dado otra cita futura 2nos vemos pronto” y yo “espero verte mañana” y ella “sí” y tomar más café o té o vernos solamente. Éramos vecinos y podríamos encontrarnos cuando quisiéramos, claro si sus horarios y mis horarios del trabajo coinciden y ni tanto eso, vivimos solos, podríamos vernos cuando fuese.
Llegaríamos a horas distintas pero ustedes verían que Laura me estaría esperando ya en el sillón con alguna revista o algún libro de los que le compraría o algo escrito por mí.
      
Era tan normal sentir frío, por eso era importante tener la sabana en los píes y un cigarro en la mano, preguntando por qué, por qué, y dónde, releyendo aquel poema de ayer como a esta hora, estudiando la soledad desde el terreno participante, pero Laura se fue con el día, vino ayer por la noche a preguntarme si no gustaba un poco de café o galletas en su casa, le dije que le aceptaba el café y que si yo podía llevar alguna botella, ella dijo que sí y fuimos a su casa. Ahí estaba Roberto mirando algunas fotografías “aquí estoy yo hace tiempo, en el río que pasaba a lado de mi casa, qué buenos tiempos” y Laura en la cocina con Jimena que era la esposa de Roberto preparando el café. Y un cigarro y dos, y el café estaba listo. Hablaron de esos tiempos de antes, ellos eran grandes amigos, según Laura “llevamos siete años conociéndonos, los tres hemos vivido aquí toda nuestra vida pero sólo siete años llevamos hablándonos” “sí, nadie quería acercarse a Laura” dijo Roberto desde el humo “los vecinos aquí la miraban pasar, imagínate, diez o quince niños de la misma edad jugando fútbol en la calle perplejos al ver pasar a Laura, las rechiflas no se hacían esperar” reían, Laura bajaba la mirada y me veía, yo sonreía tímidamente mirando como el humo se tragaba el aire. Sorbimos el primer café  hasta al fondo y era justo tomar otro, la plática a las casi once de la noche estaba para eso y más, los recuerdos en filita por la sala, marchando y canturreando música que venía desde la infancia, reían “es que recuerdo que nos conocimos porque Laura escuchaba sus canciones infantiles a todo volumen y nosotros en ese entonces también las amábamos quizá con la misma devoción que Laura” “sí, dice Jimena, nos la encontramos en la calle y le preguntamos si le gustaban tal y tal y dijo que sí y cantó unas canciones para nosotros y supimos que seríamos amigos” Laura desde la cocina empezó a cantar tal y tal canción y reíamos, pero mi alegría ya era más que el café y los cigarros o los mismos recuerdos, se sentía tan bien estar por fin en algún grupo, nunca había tenido una reunión así, con plática, café y cigarros. La velada pintaba para ser algo más que una desvelada común, quiero decir, tenía al fin un por qué para desvelarme; quiero creer que tengo amigos nuevos, pensé.
“Ven Laura” “dame tiempo hombre aún no termino el café” “pero mira aquí esta fotografía fue de la primer pelea y después los celos” “y aquí, ah recuerdo ese día” dijo Jimena tirándole la ceniza al cigarro “ese día consolamos toda la noche a Laura” grito de Laura en la cocina “ella tenía quince años y el chico que le gustaba un poco más, aunque Laura siempre ha sido así de bonita e inteligente ese tipo era un idiota, tanto que no le hizo caso y ahí nos tienes hablándole, haciéndole entrar en razón, que no le conviene, que está muy tonto para de verdad haberle dicho que no…” otro grito de Laura que seguía esperando el café “qué bueno que no lo volvimos a ver ¿eh Laura?” Y Laura por allá refugiada en el silencio y en el café y en el pasar rápido de fotografía “mira ésta” le dijo Roberto a Jimena y Jimena echo a reír sin parar tomándose la boca del estómago y Laura en la cocina preguntándose qué pasaba y Roberto sin saber cómo explicarlo y me la enseñó y reí junto a Jimena mientras llegaba Laura dejando el café en la mesita y empezaba a reír sonrojada, vuelta un jitomate y todos risa y risa y cigarros en el cenicero, el olor a café en toda la sala mientras la noche les iba devolviendo los años pasados y a mí me iba envolviendo más y más en esa amistad de años que sentía mía, pero Laura ahí diciendo que quitaran eso “mira si algún día Jimena, enseñaré tus fotos de cuando te bañaban en el fregadero de tu casa, toda chiquita y encuerada, deberías ver tú, me dijo, como tiene un lunarcito hermoso al finalizar la espalda, es tan provocativo pero a ella no le gusta” Roberto incendió una risita confianzuda “pero eh, tranquila con mi mujer” dijo mirándome, pero nomás reí.



Roberto terminó por llevar las tazas vacías y los ceniceros a la cocina, me dijo a tientas que ya se iban, que me quedaba en mi casa, pero era la casa de Laura y Laura estaba tendida sobre mí así que no podía hacer nada “hasta pronto, buena noche” se fueron y nos dejaron solos, estábamos solos, solos como me hubiera gustado estar solo ahora mismo y repasar ese texto que escribí ayer para la soledad, para mí, para quedarme en casa, pero ahora estaba Laura apartándome de eso, era Laura quien soplaba en mi cuello, quien me quitaba el silencio para opacarlo con su lentitud al respirar, no quiero saber por ahora que me gusta, me gusta y no lo puedo evitar, me está gustando tenerla en mi hombro bien dormida, me gusta no hacer nada, me gusta no haberle besado aún y está ahí tan cerca y tan lejos y la siento mía, parte de mí sólo porque no puedo moverme, pero ella está allá en el otro lado, quizá en otro cuarto tirada en una cama soñando con Roberto y Jimena y la taza de café vacía y el cigarro en la mesita sin encender “estamos solos, amigo” susurro “nota que estamos solos, podemos hablar sin ser falsos sin ocultar cualquier cosa, ya no hay quién nos escuche, quien detenga esas palabras que sabes quieres escucharme, ni Laura que duerme cual bebé. Sabes que quiero decir que te buscaré mañana, vengo como a esta hora o más temprano, vengo a que duermas en mí otra vez, no me dejes ir; me estoy poniendo muy romántico pero esa taza de café y el azúcar y esta soledad que cargo llena de poemas y notitas y quisiera que alguien me escuchará, que alguien durmiera en mi hombro como ahora Laura, y no sé qué pasará, ojalá Laura sea quién, ojalá quiera, aquí está mi soledad” Laura se mueve un poco fuera de sí todavía y retengo el aire para no despertarla “aquí está todo el amor que me tengo, vamos a crear algo nuevo, amigo” tomo el cigarro ahora que Laura me dio un poquito más de libertad para estirar la mano “a tu salud mi amor, descansa” lo enciendo mientras miro el fuego destellándole en el cabello a Laura, Laura inmóvil, dormida, Laura en otro lado, la sabana en mis piernas, la soledad del poema y el cigarro en mi boca en este cuarto oscuro y sin Laura.




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