domingo, 11 de agosto de 2013

Cinco cosas que Julio no quiere que sepas



I


Julio no se sentía decepcionado esa noche. Él creía que había algo más que se tenía que cuidar, algo más que esperar. Su esperanza siempre fue de la buena y de la triste también, de la que casi todos huyen. Le gustaba mirarse en el espejo y decirse de frente lo que no le asustaba de sí:

- Jode quedarse callado cuando no. Jode estar así nomas sin decir mucho. Y eres tan sensible, tan romántico, tan desconfiado de todo. 
Pero no servía de mucho, debemos aclarar, cuántas veces no se habrá dicho lo mismo frente a cualquier espejo, en el coche, en la ruta, en la ventana de algún comercio, etcétera. Julio no tenía que salirse de sí mismo para cambiarse, eso era un hecho. Se miraba en los demás, se decía "esto quiero, esto no." Pero nunca estaba feliz porque siempre creyó que había algo más, siempre hay algo más, bueno o malo, blanco o negro, gris o azul, pero algo más de lo que nadie esperaba ni tenía consciencia. No se sentía decepcionado mas no entendía sus ganas de llorar.


II


Julio se mostraba alegre con sus amigos algunos días, nunca le gustó que la gente se le acercará a limpiarle las mejillas y se sentará a su lado o de frente para preguntarle qué tenía. Julio lloraba como todos en silencio, en su casa o en la rutas sin mostrar la cara. Escuchando música recordaba historias o creaba nuevas y lloraba; ponía las manos en las rodillas o en la frente o en los ojos y se tendía en lágrimas. Cuando alguien se le acercaba apretaba los dientes para no decir tanto -si es que podía decir algo- a veces las lágrimas le comían la lengua y apenas atinaba a decir que estaba bien, que no valía la pena que se sentarán a perder el tiempo con él. Pero Julio no es una persona triste, es una persona entregada, pasional, sabe cuando debe reír con intensidad, cuando llora con la misma pasión con la que recibe sorpresas y alegrías. Julio está triste porque quiere y él lo sabe, que es lo peor.


III


"Me quiere y no me quiere, y me lo dice todo el tiempo" ponía Julio en su cuaderno con una tristeza negra de días que se le notaba hasta los bellos de la nariz cuando se sonaba fuerte en público. Nunca le gustó sonarse la nariz, no le gustaba estornudar siquiera, cada que lo hacía pedía como mil veces perdón intercalándolos con los gracias y se quedaba mirando la nada sin llamar la atención mientras rascaba sus fosas nasales. Pero Julio no entendía si esa frase venía de dentro de sí o de la misma tristeza que se tendía fuerte sobre el papel en blanco y esos cuadritos azules. Su mano se cansó dejando a un lado la tristeza que se empezaba a correr por toda la mesa y después en la silla de Julio y en Julio y al piso y a las cortinas y a las ventanas y al florero de mamá y a las herramientas de herrería de papá; llegó hasta la puerta y regresó cubriendo los cubiertos de la cocina y la comida, las camas desatendidas, las almohadas con sueños que Julio ahogaba por las noches en hojas hechas bolita; tomaba la mano de Julio con una fuerza inexplicable que la llevó hasta la mejilla de Julio que ya dormía sobre la mesa.


IV


Julio abrió los ojos. Todos se movían y él lentamente como llegando apenas de quién sabe dónde y sentándose, miró a todos y todos miraron a Julio. Nadie dijo nada. Se talló los ojos. "¿Y Julio no irá?" "No, sigue dormido."


V


Julio nunca confió en que esas cosas asombrosas de verdad le pasarán, esas cosas que desde siempre había deseado le ocurrieran. Siempre que algo de eso atentaba contra su vida, decía que no era él, que sentía que no era él. Cuando se daba cuenta de que sí era él y que ahora estaba arrancando de su deseo, de lo que creyó una irrealidad bien fingida, vuelve a donde puede y escribe "sólo se trata de vivir..." frase que le tiende la mano cuando no sabe cómo volver a mirar el confort de siempre. Julio dice que está bien, que así es la vida y se echa a intentar dormir.






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