Tomábamos el té a las seis de la tarde, ni más ni menos, leíamos en voz alta uno para el otro y fumábamos como dos locos mientras reíamos y mirábamos a lo largo de la calle espiando a los transeúntes concurrir aquella despoblada calle del centro, todo gris y maloliente de tanto personaje que se pudiera uno encontrar; y mientras hacíamos todo eso, visitábamos al Tío Suárez es su choza cerca de la playa y escuchábamos un poco de blues y le comentábamos de los nuevos planes que teníamos: por ejemplo, recuerdo cuando le conté que te dejaría y buscaría una nueva vida en algún callejón de Montevideo, porque siempre me gustó ahí y si te ibas conmigo no podrías estar del todo segura y feliz y sentía que con eso me frustrabas el sueño y no podría despertar o ser feliz por mí mismo, y para empezar y terminar me tachó de idiota y dijo que no lo dijera ni de broma y mucho menos te hiciera algo así, qué tú pudiste hace mucho hacer tu vida y yo no te dejé porque pensé que podríamos solucionar nuestros problemas juntos y cuando me dijo eso lo entendí enseguida y supe que tenía que decirte y llevarte conmigo a Montevideo a conocer el mar y la brisa de la noche en las calles y en los puentes; mientras sirves dos cucharadas de azúcar a un nuevo té te miro discretamente por los ojos del libro y espero a que me mires para sonreírte y decirte vayámonos, hay que movernos y huir y expandirnos al lugar menos pensado, sentí como de golpe caía la cuchara y tu mano suavemente detrás de ella y tus ojos comenzaron a decir tantas cosas que no supe qué hacer y solté el libro y mis manos caían hacía ti y el libro caía en mi tacita y las hojas se quemaron y gritando un pequeño ¡ah! pero a ninguno de los dos nos importó ya en la alfombra tú encima de mí riendo de tan impredecible escena, y bueno, jamás me contestaste que sí, pero nos fuimos.
Tío Suárez fue el único en despedirnos con el pequeño ron en la bolsa del saco y el cigarro en la boca sin prender, diciéndonos que al regresar pasemos por su casa para tomar un poco de té y cocinar un pan y comer todos juntos al atardecer y era obvio que tú y yo pasaríamos a su casa, es la única persona en el mundo que tenemos para los dos y lo sabes, sabes que yo no podría visitar a tu Tía Esther porque rápido estaría vomitando sus alfombras fiusha y sus cuadros verdes con sus estúpido Arte contemporáneo que se me hace un estornudo en el estómago y solamente pienso en huir y escupirle cada uno de los cuadros; o sabemos que tú no visitarías a mi Tía Sueca porque mis primos, según tú, son unos demoniosbuenosparanada y sólo se la pasan jalándote el cabello o queriendo que les hagas la tarea y tú una vez estuviste a píe de lágrimas en su puerta pidiéndome sin voz que nos fuéramos antes de que mi Tía te enjuiciará porque habías golpeado a Daltón porque intentó tocarte los pechos; así que, él es el único personaje en todo esto, dónde podemos estar bien, juntos y solos, porque sé qué es como el padre que no tuviste y es el hermano que no tuve y entonces nos une esa familiaridad de vacío y él lo sabe y lo acepta. Gracias, Tío, gracias; hasta pronto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario